dibujarme los miedos en la piel
hasta hacerlos carne;
gritarlos, hasta que afloren desde las entrañas
y que la fuerza que crece
desde mis pies enraizados
sea la acción transformadora,
la llama arrasadora del deseo
que me invada,
que me arrolle
y me trascienda
desde la brasa misma de mi esencia.