añoro la templanza de los días buenos
cuando el tiempo era un concepto fluido,
y nos sentábamos a debatirlo con mates,
flores y dilaciones varias.
es que sí.
las horas se nos deshacían en las manos
mientras jugábamos a ser nosotrxs,
a cuestionarnos todo,
a perdernos en un disco de pink floyd
y reencontrarnos en lo tangible
cocinándonos unas galletitas.
las mañanas de buscarnos y charlarnos enterxs,
las bicicletas siempre listas,
las tardes de música infinita,
los amores, desamores, desacuerdos.
las charlas sinceras de contarnos sueños
y las madrugadas dormidas de atajar pesadillas.
las plantas regadas,
la pavita y los mates,
los abrazos, el pegote y el cariño.
las risas compartidas,
los chistes, los rituales,
los desvelos.
es que sí,
no lo sabíamos:
entre la percepción elástica del mundo
y el deambular sinuoso cotidiano
esos supieron ser los días buenos.