te compartí la raiz,
reordené el caos para llegar a vos.
abrazar nuestro pasado... vernos las sonrisas inocentes, luminosas, ajenas al dolor cotidiano. Mirarnos mirar el mundo a través de los encuadres a la casa, las cosas, el quilombo... y cada tanto, un fragmento de nosotras mismas, un microsegundo que quedó atrapado, como evidencia de todo lo vivido.
los ojos son los mismos pero la mirada cambia. Hoy leo esas imágenes desde otras evocaciones, y los pequeños gestos espontáneos se vuelven crónicas agridulces de un tiempo duro.
lloro, siento ese duelo, y acuno a esas niñas que aprendieron a adecuarse a un espacio ajeno, caótico, injusto, y que aún así, encontraban un resquicio para reir, aprender, jugar, buscar y encontrar belleza mientras todo se derrumbaba.
tantas risas compartimos
tantos soles que supimos ver caer
tantos besos que nos dimos
tantas chances que tuvimos de aprender a querernos
y vos, qué pensás?
y vos, en qué pensás?
y vos... en qué pensas segundos antes de dormirte?
y vos, qué extrañás?
y vos, de qué te extrañás?
y vos... qué te extrañás cuando te digo que te extraño
en los mínimos detalles cotidianos
de contarnos los azares más triviales
y abrazarnos en lo bueno y en lo malo.
jugando y tensando más los hilos de lo incierto
compartiendo las miradas y los besos
y flotando en el vacío en la mañana
pero es preciso atravesar esta tormenta
para que el sol vuelva a salir