hacía mucho que nadie entraba a tu sesión de windows de mi máquina.
dar click a tu nombre es como entrar en la habitación de alguien que no está allí desde hace tiempo: todo alrededor tiene su esencia.
estás en cada rincón del escritorio, en cada uno de esos programas de funciones específicas y archivos de extensiones extrañas. en cada historial, en cada página sugerida en que aparece el olé o hasta el ogame. estás en el dropbox, en el codeblocks y en el teamviewer, y hasta en el torrent, que ya se había vuelto un poco mío, pero en el conjunto es tan tuyo como el fallen sword.
y mis ventanas, mis íconos, mis búsquedas, mis páginas de comics son como intrusas en ese universo tan marcadamente tuyo, que me hace andar con sigilo, y cuidar de no alterar el pragmático orden que se impone en esta habitación digital, que a pesar del tiempo que hace que no te tiene en presencia, te conserva intacto, y hace que ahora te recuerde, y sin querer, se me escape una lágrima.